La sexualidad de los gatos es bastante intensa y, a veces, suele suponer una molestia o un problema para sus amos. De nuevo nos encontraremos ante una conducta felina que debemos entender, conocer su origen y qué la causa, para así saber cómo reaccionar ante ella. Nuestras mascotas tienen su peculiar forma de expresarse, por lo que aprender un poco sobre el lenguaje de los gatos nos ayudará a poder comprenderlos y ayudarlos.

El celo en las gatas: buscando nuestra atención

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El periodo total de celo en las gatas es de doce días, durante el cual va a seleccionar a los machos que van a copularla, atraerlos y posicionarse para la monta. Las hembras pueden reproducirse muy prontamente, a partir de los seis meses de edad. Se suele presentar en primavera y verano; aunque en nuestro hogar, con la calefacción y la luz artificial, las gatas pueden entrar en celo incluso en invierno. El celo comienza como una conducta extraña en nuestras gatas, siendo tan repetitiva que puede llegar a cansarnos. Se basa, principalmente, en que la gata adquiere comportamientos mucho más cariñosos que de costumbre, mostrándose más juguetona de lo habitual. Nos buscan incansablemente, maullando intensamente y de una manera peculiar. Se le conoce como marrumiar y las gatas en libertad lo usan para atraer a los machos. También suelen frotarse contra nosotros frecuentemente para impregnarnos su olor a través de las glándulas olfatorias que posee en la cabeza. Con ello, de nuevo, tratan de atraer la atención del macho del mismo modo que estando en libertad van dejando su olor por el terreno. Durante el celo las gatas también suelen descuidarse, incluso dejar de comer. Los gatos son unos animales que cuidan mucho su higiene, pero una gata en celo puede llegar a orinarse por todos los rincones de la casa. Está tratando, como ocurría con el frote, de atraer la atención del macho para que la copule, por lo que no es un mal comportamiento, sino una conducta instintiva que la gata realiza sin mala fe.

Gatos machos más agresivos y territoriales

Durante los periodos de reproducción, no solamente la hembra es quien va a modificar su conducta. Los machos pueden resultar incluso más problemáticos que las gatas, ya que no solo se van a mostrar más agresivos, sino que ellos van a estar continuamente dispuestos a reproducirse. El gato macho se comportará agresivamente, intentando alejar cualquier “enemigo” que pueda amenazar su futura cópula con la hembra. Por ello también pueden llegar a marcar con orina distintos puntos de la casa, tratando de delimitar su territorio para ahuyentar a posibles intrusos. Son, una vez más, conductas que han perdido su razón de ser viviendo nuestros gatos bajo nuestra protección pero que, sin embargo, son comportamientos naturales y que nacen de su instinto, por lo que no debemos culparlos a ellos.

La atracción del macho y la monta

Una vez la gata ha elegido a su pareja, lo atrae hacia sí con constantes maullidos y gracias al olor que desprende. Cuando el gato se aproxima, la gata se inclina agachando las patas traseras y moviendo su cola a un lado para permitir la cópula, sin dejar en ningún momento de maullar. El gato, antes de montar a la hembra, la sujeta con la boca por el cuello. La monta dura pocos segundos, durante los cuales los maullidos de la hembra se intensifican. Al finalizar, la hembra se muestra muy agresiva, pudiendo dañar a un macho poco experimentado al que no le dé tiempo a apartarse. Tras la cópula, también se originan conductas características. El gato emite una especie de grito y se aleja de la hembra. Ésta, por su parte, se lame los genitales y se revuelca por el suelo, debido al dolor que las espinas que el macho tiene en el pene le han originado durante la penetración. La monta se puede repetir una y otra vez, incluso con varios machos distintos, dando lugar a camadas de varios padres.

Cómo actuar ante este problema

Lo primero, como siempre indicamos, es tener un poco de comprensión. Los gatos, durante el celo, están dominados por sus hormonas y las conductas, aunque nos resulten ingratas, tienen un porqué y se realizan involuntariamente. En ningún momento se deben a malos comportamientos de nuestros compañeros, por lo que en vez de regañarlos debemos tratar de mostrarles nuestro cariño en momentos así. Si la situación llega a ser un problema, se recurrir a la esterilización, tanto de machos como de hembras. Con ello, estos comportamientos se atenúan o se pierden por completo.



  Sobre el autor

Juanfra Vázquez

Biólogo, etólogo y escritor. Aunando sus dos grandes pasiones, el comportamiento animal y la escritura, para ponerlas a disposición de Mascotea y de vuestras mascotas.

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