Muchas veces hemos oído esa expresión, ¿pero hay alguna razón que pueda explicar ese comportamiento? No es algo que suceda siempre, y, como podemos comprobar a menudo, pueden convivir tranquilamente dentro del mismo hogar y llevarse de maravilla. Todo depende de muchos factores y de nuestra paciencia y ganas de educar a nuestras mascotas.

¿Por qué no se soportan?

No es exactamente así, no es que no se soporten, sino que se comunican de un modo muy diferente. La explicación es más fácil con un ejemplo. Veamos una situación dentro de casa y pensemos en un perro, ¿cómo juega? ladra, se agita de un lado al otro, no para de mover la cola, salta... en resumen, suelen ponerse muy excitados. Si el perro quiere jugar con un compañero felino al que no conozca, ¿cómo reaccionará éste? Pues en la gran mayoría de los casos, asustándose. Para ellos ya el simple hecho de poner la cola en alto ya supone un desafío, una especie de agresión, con lo que la traducción perro-gato en vez de "¿juegas conmigo?" sería "te estoy retando". La comunicación no verbal de perros y gatos es en algunos puntos muy opuesta, por lo que a la hora de entenderse necesitan un mediador que les enseñe a "traducirse".

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Por otro lado, no hay que olvidar que mientras que el perro es tan solo depredador, los gatos son depredador y presa a la vez, por lo que tienden a estar en guardia más veces que los perros. Por ese motivo, también la forma de ser de cada perro y gato hará que la relación entre ellos sea mejor o peor. Si un perro es excesivamente juguetón o cazador y se topa con un gato nervioso o miedoso, la persecución está casi garantizada. El segundo sacará su parte de presa al sentirse intimidado por el cánido, y éste a su vez, activará todo su instinto de cazador para perseguir a ese "algo que corre". Realmente en este caso le dará igual si es un gato, un conejo, un ratón... El instinto de caza va innato en ellos, y cuanto más activos sean más veces aparecerá ante presas que ellos consideren fáciles de cazar (normalmente más pequeñas que ellos).

Quiero que mi perro y mi gato se lleven bien

De todos modos, hacerles compartir un hogar es posible. Dependerá de la paciencia que tengamos y la educación que les demos.

  • Debemos enseñar a respetar al perseguidor en primer lugar. Dice el refrán que "dos no pelean si uno no quiere". Si enseñamos al perro a respetar al gato, éste no iniciará la persecución aunque el gato salga corriendo al verle.
  • Mostrar al perseguido, cuando el perro lo haya aprendido, que no va a sufrir ningún daño. Hacerles ver que son iguales y que no va a agredirle.
  • Que cada uno tenga sus espacios. Por supuesto que puede que acaben compartiendo los mismos sitios, no son pocas las ocasiones en los que duermen juntos. Pero también querrán sus momentos de "no estoy para nadie", y si en ese instante se les molesta puede que dé lugar a un enfrentamiento.

Con estos consejos y un poco de paciencia, seguro que al final se hacen grandes compañeros, es más, al verse como miembros de su misma familia no dudes que acabarán defendiéndose el uno al otro.



  Sobre el autor

Carol Rincón

Periodista, diseñadora gráfica y gatuna hasta la médula, entre otros vicios.

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